El panorama de venture capital: qué se viene en 2025
Después de la montaña rusa que han experimentado los mercados privados desde 2020, ahora, tanto los inversores como las startups esperan que las buenas señales que se vieron a partir de finales de 2024 sigan en 2025. En el bienio 2020-2022, la industria de venture capital experimentó una época de gran exuberancia con una fuerte subida en valoraciones debido a la facilidad de acceso a capital y liquidez. En el Q4 2021, el ratio de demanda y oferta de capital llego a ser 0.9x. Es decir, por cada USD 1 millón buscado en financiación por startups había USD 1.1 millón de capital disponible por parte de inversores. Sin embargo, desafortunadamente para las startups, como dice el dicho, “all good things come to an end”, y la subida de los tipos como consecuencia de la presión inflacionaria causó una contracción en los mercados, llevando las valoraciones de las startups hacia abajo.
En contraste, el ratio entre demanda y oferta de capital aumentó a 3.0x en 2023; es decir, por cada USD 3 millones solicitados en financiación solo había USD 1 millón disponible. Para 2025, la esperanza es que las señales de recuperación que se vieron a finales de 2024 ayuden al mercado a retomar la disponibilidad de capital y liquidez que se vivió en 2020-2022. El consenso apunta a que habrá un incremento de “exits”, es decir, los inversores tendrán la posibilidad de liquidar sus posiciones en startups, ya sea mediante adquisiciones por parte de otras empresas o por Ofertas Públicas Iniciales (OPI). Estos eventos proporcionarán a los inversores la liquidez necesaria para reinvertir en nuevas startups, iniciando así un círculo virtuoso de reinversión de capital. Sin embargo, los últimos días de 2024 y el comienzo del año ya han mostrado que tanto los inversores públicos como los privados tendrán que navegar mucha incertidumbre en 2025, lo que podría tener un potencial efecto negativo en el crecimiento de los mercados privados.
Desde una perspectiva temática, no cabe duda de que el interés de inversores seguirá centrado en la inteligencia artificial (IA). En cuanto a las nuevas tendencias en casos de uso de IA, observamos un crecimiento hacia la integración de IA con hardware complejo. Impulsada por factores macro como la revitalización de la manufactura, la jubilación masiva en sectores industriales y la necesidad de automatización total, la IA está potenciando disciplinas técnicas como la ingeniería, la mecánica y la robótica para optimizar el uso de hardware. Además, los modelos de lenguaje están transformando la gestión de datos cualitativos, integrando información no estructurada con análisis cuantitativo. Esto abrirá el camino a herramientas analíticas avanzadas y una continua mejora en la calidad de las interacciones humano-IA. En el ámbito laboral, la llegada de copilotos de IA, desarrollados por startups que abordan flujos de trabajo específicos, automatizará tareas y optimizará el tiempo de los trabajadores.
Una pieza clave en la carrera hacia el dominio de la IA es la infraestructura. Para desarrollar y entrenar los modelos de lenguaje de gran escala (LLM, por sus siglas en inglés) se necesitan centros de datos compuestos por miles de chips GPU (unidades de procesamiento gráfico). Estos centros demandan acceso a amplias fuentes de energía para satisfacer su capacidad computacional y también de agua para asegurar un constante enfriamiento. En 2023, los centros de datos en EE. UU. consumieron unos 285 000 millones de litros de agua, equivalente al consumo de agua de Londres en cuatro meses. Los países que sigan invirtiendo en la infraestructura de los centros de datos, fuentes de energía sostenibles y tecnologías para mejorar la eficiencia en el uso de agua desarrollarán una ventaja competitiva para los próximos 10 años. Del mismo modo, las startups que logren llevar al mercado soluciones innovadoras en este ámbito, tendrán acceso al capital necesario para desarrollar sus productos.
Por último, en relación con el uso sostenible de recursos, la industria de climate tech — que engloba todas aquellas startups que desarrollan tecnologías para minimizar nuestro impacto sobre el clima —, después de unos años de gran expansión, tendrá que enfrentarse con condiciones posiblemente menos favorables. En EE. UU., el programa de demostración industrial, una iniciativa impulsada por el Inflation Reduction Act y administrada por el departamento de energía, contaba con USD 63 000 millones para apoyar el desarrollo de tecnologías transformadoras necesarias para descarbonizar el sector industrial estadounidense. Este recurso sentó las bases para algunas iniciativas pioneras en el ámbito de climate tech: la empresa emergente Sublime Systems, que en 2024 recibió USD 87 millones para construir su primera planta de producción de cemento verde. Cabe destacar que el cemento es el responsable del 8 % de las emisiones globales de CO2, y las empresas del sector se están moviendo para encontrar soluciones para mitigar este impacto. Después de recibir fondos públicos, Sublime también cerró una ronda de financiación privada de USD 75 millones donde participaron CRH y Holcim, dos de los mayores productores mundiales de cemento. Sin embargo, con el cambio de administración ya no queda claro el nivel de soporte público que las startups de climate tech recibirán, posiblemente abriendo la puerta a desarrollar este tipo de proyectos en otras geografías, como Europa o Latinoamérica.
No cabe duda de que estamos viviendo tiempos de gran incertidumbre e inseguridad, donde los acontecimientos geopolíticos de los últimos años dejan poco espacio para el optimismo sobre lo que está por venir. Sin embargo, para dejar una nota más positiva, me gustaría citar una famosa frase de la película The Third Man: “En Italia en 30 años bajo los Borgia, tuvieron guerras, terror, asesinatos y derramamiento de sangre, pero produjeron a Miguel Ángel, Leonardo da Vinci y el Renacimiento. En Suiza, tuvieron amor fraternal, 500 años de democracia y paz… ¿y qué produjeron? El reloj cucú”. Ojalá en 2025 nos acerquemos a desarrollar las tecnologías que nos ayuden a enfrentar los grandes desafíos que definen nuestro tiempo.