«La facilidad para operar debe ir acompañada de comprensión del riesgo, del horizonte y de propósito»

Carlos Saccone
Gerente de Inversiones de HSBC
En un contexto de tasas internacionales aún elevadas, pero con expectativas de ajuste, ¿qué oportunidades y riesgos ves para quienes buscan preservar valor y obtener rendimiento?
El escenario actual vuelve a poner en el centro a la estrategia de inversión. Las tasas internacionales elevadas permiten nuevamente obtener rendimientos reales en instrumentos de renta fija de buena calidad, lo que facilita la preservación de capital sin asumir riesgos excesivos. Esto resulta particularmente relevante luego de un período prolongado de tasas excepcionalmente bajas. Sin embargo, la expectativa de ajustes futuros en las tasas no debe leerse como un proceso automático. Persisten incertidumbres vinculadas a la inflación, la política fiscal y el contexto geopolítico, que pueden alterar el ritmo o la magnitud de esos cambios. El principal riesgo es construir carteras con base en un único escenario. La normativa tributaria a nivel local también se ha modificado en 2026, por lo que se agrega a la lista de temas que hay que considerar
En paralelo, la dinámica cambiaria agrega una capa adicional de análisis. Se observa debilidad del dólar a nivel global, mientras que el peso uruguayo ha mostrado fortaleza relativa, apoyado en fundamentos macroeconómicos sólidos. Esto refuerza la importancia de diversificar por monedas y evaluar el impacto cambiario en los retornos. Al mismo tiempo, particularmente en los últimos años, es verdad que el ritmo de apreciación real se ha vuelto más lento, por lo que hacia adelante ya no luce tan claro estar “overweight” tasas locales, aunque, si se vive en Uruguay, hay que tener algo de pesos, definitivamente.
Más que buscar oportunidades tácticas, el foco debería estar en construir portafolios coherentes con el horizonte y los objetivos de cada inversor, priorizando calidad, diversificación y disciplina.
En los últimos años surgieron instrumentos de ahorro e inversión cada vez más accesibles. ¿Cómo impacta esta democratización en la cultura financiera de los uruguayos?
La mayor accesibilidad a instrumentos de ahorro e inversión ha modificado la relación de las personas con el sistema financiero. Hoy invertir es una posibilidad concreta para un número mucho mayor de uruguayos, lo que amplía opciones y genera mayor participación. Este proceso, sin embargo, plantea un desafío central: el acceso no garantiza buenas decisiones. La facilidad para operar debe ir acompañada de comprensión del riesgo, del horizonte y de propósito. Sin ese marco, la democratización puede derivar en decisiones impulsivas o de corto plazo. Desde los bancos, el rol es acompañar este cambio. En HSBC Uruguay hemos desarrollado plataformas digitales que permiten invertir online de forma simple y transparente, integrando información, control y soporte profesional. La tecnología facilita el acceso, aunque no reemplaza el criterio.
«El impacto cultural más relevante se dará en la medida en que más personas incorporen una lógica de planificación y disciplina en sus decisiones financieras”.
El impacto cultural más relevante se dará en la medida en que más personas incorporen una lógica de planificación y disciplina en sus decisiones financieras. Creo que esto se está empezando a ver más en las nuevas generaciones. La democratización, bien gestionada, puede fortalecer el ahorro de largo plazo y mejorar la calidad de las decisiones económicas.
¿Notás cambios en el comportamiento y el perfil del inversor local en términos de horizonte, tolerancia al riesgo y diversificación?
Se ven cambios claros en el perfil del inversor local, aunque también es necesario distinguir entre generaciones. Hay una mayor conciencia del largo plazo y una comprensión más realista de la relación entre riesgo y retorno. Se empieza a aceptar que la volatilidad es parte del proceso de inversión y no un elemento a evitar por completo. También se registra un avance en la diversificación. El inversor uruguayo incorpora con mayor frecuencia activos internacionales, distintas monedas y estructuras más equilibradas. La reciente fortaleza del peso uruguayo frente al dólar ha reforzado la reflexión sobre el riesgo cambiario y la necesidad de evitar concentraciones excesivas.
En el ámbito empresarial, se aprecia una gestión más estructurada del excedente de liquidez. Las decisiones de inversión están más alineadas a la estrategia del negocio y a horizontes definidos, en lugar de responder únicamente a la coyuntura. Se empiezan a ver, además, empresas que dirigen parte de sus excedentes hacia fondos de inversión de primer nivel como estructuras de JP Morgan, a efectos de optimizar rendimientos. Algo impensable hace algunos años.
«El inversor local muestra mayor información, mayor criterio y una visión más integral del proceso de inversión, aunque sigue existiendo una base conservadora importante».
En síntesis, el inversor local muestra mayor información, mayor criterio y una visión más integral del proceso de inversión, aunque sigue existiendo una base conservadora importante.
¿Qué errores observás en las decisiones de inversión y qué principios recomendarías tener siempre presentes para mitigarlos?
Uno de los errores más frecuentes es reaccionar a la coyuntura, dejarse llevar por las noticias del día. Tomar decisiones motivadas por movimientos de corto plazo suele generar malos resultados. Otro error habitual es invertir sin un objetivo definido, lo que dificulta evaluar resultados y sostener una estrategia en el tiempo. También es común subestimar la importancia de la diversificación, tanto por tipo de activo como por moneda. A esto se suma un riesgo creciente: invertir a través de agentes o estructuras sin supervisión regulatoria conocida. En estos casos, más allá del rendimiento prometido, el inversor queda expuesto a riesgos operativos, legales y de custodia, que muchas veces no son evidentes al momento de la decisión.
Para mitigar estos errores, hay principios básicos que mantienen plena vigencia. El primero es la planificación: toda inversión debe responder a un objetivo concreto y a un horizonte definido. El segundo es la diversificación como herramienta de control del riesgo. Y el tercero es la disciplina, entendida como coherencia en el tiempo.
Finalmente, verificar el marco regulatorio, la transparencia de los intermediarios y contar con asesoramiento profesional ayudan a transformar información en decisiones más consistentes y alineadas con los objetivos del inversor.
Si tuvieras que señalar dos recomendaciones clave para encarar 2026 desde el punto de vista del ahorro y la inversión, ¿cuáles serían y por qué?
La primera recomendación es priorizar el largo plazo. Pensar en ciclos y no en coyunturas permite reducir errores y construir estrategias más estables. Hoy existen condiciones para estructurar carteras equilibradas que combinen ingresos y crecimiento. Es decir, que den un cash flow relevante para complementar los ingresos y que también sean una apuesta de crecimiento patrimonial en mediano-largo plazo. La segunda recomendación es diversificar de forma global. No depender de una sola moneda —especialmente en un contexto de debilidad del dólar y fortaleza relativa del peso uruguayo— ni de un único mercado ayuda a reducir riesgos estructurales.
A esto se suma el aprovechamiento de la tecnología. Las plataformas digitales de inversión, como las que desarrollamos en HSBC Uruguay, permiten mayor control, seguimiento y acceso a información, sin sustituir el valor del análisis y el asesoramiento.
Como corolario de recomendaciones y a los efectos de la ejecución de un plan: no invertir “todo junto”, sino promediar a lo largo de meses, la inversión debe ser un proceso y no un solo hito. Esto contribuye a eludir el riesgo de entrar previo a un “mal día de mercado” (¡que los seguirá habiendo!).
De cara a 2026, la consistencia entre objetivos, riesgo y horizonte será el principal factor para una toma de decisiones sólida.