Revista del IEEM
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The Chosen: liderazgo virtuoso como factor de desarrollo

El liderazgo del futuro no se define por los resultados que logra, sino por las personas que es capaz de formar.

Al momento de escribir estas líneas, transitamos la Semana Santa, un tiempo que suele invitar a la pausa y a la reflexión. En ese contexto, algunas narrativas vuelven a adquirir especial relevancia. Entre ellas, la serie The Chosen ofrece una mirada particularmente interesante sobre el liderazgo, el desarrollo de personas y la construcción de propósito. Vale aclarar que abordaremos esta serie como una fuente de aprendizajes aplicables al liderazgo y la gestión de personas, no desde una perspectiva religiosa.

En una de sus escenas más recordadas, Jesús se detiene frente a Mateo. No es el más querido, ni el más confiable a los ojos de su comunidad. Es, de hecho, alguien rechazado por su entorno. Sin embargo, lo elige. No por lo que es, sino por lo que puede llegar a ser.

La escena es simple, pero encierra una pregunta incómoda para el liderazgo contemporáneo: ¿Los líderes eligen talento o lo construyen?

En un contexto empresarial en el que las decisiones se vuelven cada vez más urgentes, la transformación tecnológica se acelera y los resultados se exigen con creciente intensidad, esta pregunta no es menor. Porque detrás de ella aparece una tensión muy actual: la distancia entre lo que las organizaciones declaran sobre liderazgo y lo que efectivamente practican.

 

Del relato a los datos

En ManpowerGroup Uruguay, junto a Apprecia, impulsamos el “Factor Liderazgo Uy/26”, una iniciativa académico-práctica orientada a generar conocimiento accionable sobre la gestión del liderazgo como capacidad organizacional en el país.

El estudio relevó la visión de más de 185 ejecutivos de línea y de Recursos Humanos pertenecientes a más de 150 organizaciones uruguayas, siendo dos tercios de los participantes miembros de la alta dirección.

Cuando se consulta por los principales desafíos estratégicos del período 2026–2028, surge con claridad un podio compuesto por la innovación digital —con énfasis preponderante en adopción de inteligencia artificial—, el liderazgo y la gestión del talento, y el crecimiento rentable. En conjunto, estas tres dimensiones concentran más del 70 % de las menciones estratégicas relevadas.

Las organizaciones uruguayas entienden que para crecer no alcanza con vender más; necesitan innovar y contar con el liderazgo adecuado para hacerlo.

La conclusión es contundente: las organizaciones uruguayas entienden que para crecer no alcanza con vender más; necesitan innovar y contar con el liderazgo adecuado para hacerlo.

 

Un entorno más exigente demanda otro liderazgo

El estudio también revela que la mayoría de los ejecutivos anticipa para los próximos tres años un contexto más complejo, más volátil, más incierto y más ambiguo que el actual. En otras palabras: un entorno más VUCA.

Durante años, muchas compañías compitieron principalmente a través de eficiencia, control y excelencia operativa. Pero cuando el entorno se vuelve más dinámico, esas capacidades siguen siendo necesarias, aunque dejan de ser suficientes.

Se necesita otra capa de liderazgo: una capaz de aprender rápido, movilizar personas, crear confianza, decidir en la ambigüedad e impulsar innovación cultural.

 

El liderazgo virtuoso como respuesta

Aquí cobra especial vigencia el concepto de liderazgo virtuoso.

Esta perspectiva tiene raíces en la tradición filosófica clásica, particularmente en Aristóteles, quien sostenía que la excelencia humana no depende únicamente de lo que hacemos, sino también de quiénes somos. Las virtudes —como la prudencia, la justicia o el coraje— no eran atributos abstractos, sino hábitos concretos que se desarrollan en la acción.

Siglos más tarde, esta línea de pensamiento fue retomada por Alexandre Havard, quien propone una síntesis moderna aplicada al mundo organizacional.

La premisa es simple, pero exigente: no alcanza con liderar bien; hay que ser alguien digno de liderar.

La premisa es simple, pero exigente: no alcanza con liderar bien; hay que ser alguien digno de liderar.

En ese sentido, el liderazgo virtuoso no se define únicamente por los resultados que logra, sino por la calidad moral y humana con la que esos resultados son alcanzados.

 

Los resultados se gestionan indirectamente

Una de las ideas más poderosas del liderazgo virtuoso es que los resultados rara vez se gestionan de manera directa. En gran medida, son un subproducto de la cultura.

Esto no implica abandonar la gestión por objetivos, sino comprender sus límites. Un líder obsesionado con “gestionar ventas” probablemente termine empujando indicadores. Un líder que se enfoca en construir equipos confiables, desarrollar talento, elevar estándares y fortalecer vínculos, en cambio, estará gestionando las condiciones que hacen sostenibles esos resultados.

La diferencia no es menor: una lógica presiona números; la otra crea capacidad organizacional.

 

Magnanimidad y humildad

En la propuesta de Havard, el liderazgo virtuoso se articula alrededor de dos virtudes centrales.

La magnanimidad es la disposición a pensar en grande. Impulsa al líder a aspirar a objetivos ambiciosos, a no conformarse con lo mínimo y a conectar el trabajo cotidiano con un propósito superior.

La humildad es la virtud que equilibra esa ambición. Implica reconocer que el liderazgo no es una plataforma de protagonismo personal, sino un espacio de servicio. Un líder humilde no reduce su exigencia; la orienta hacia el crecimiento de otros.

Sin magnanimidad, el liderazgo se vuelve pequeño. Sin humildad, se vuelve egocéntrico. Juntas, ambas virtudes permiten construir organizaciones que crecen sin perder integridad.

 

El desarrollo de personas como prioridad real

Uno de los hallazgos más relevantes del FLUY/26 es que 67 % de los encuestados considera que el desarrollo de liderazgo es una prioridad estratégica alta o muy alta.

La noticia es positiva. Pero el dato siguiente es más desafiante.

Entre los miembros de la C-Suite, cerca de ocho de cada 10 se perciben comprometidos con el desarrollo de líderes. Sin embargo, solo dos de cada 10 declaran dedicar más del 20 % de su tiempo a esa tarea.

Es decir: el liderazgo importa en el discurso más que en la agenda. Y la agenda, en management, suele revelar la verdad.

 

Competentes para ejecutar… no siempre para innovar

El estudio indica que 45 % de los encuestados considera que sus líderes están por encima de competidores u organizaciones de referencia para abordar los desafíos actuales, mientras otro 43 % los evalúa como equivalentes o suficientemente buenos.

Existe, por tanto, una base importante de confianza en el liderazgo presente.

Sin embargo, cuando la pregunta cambia hacia la preparación para actuar en un contexto futuro más VUCA, emergen dudas relevantes: 40 % expresa reservas sobre el nivel de preparación de sus líderes.

El liderazgo actual parece mejor preparado para ejecutar, corregir rumbo y perseverar que, para catalizar exploración, dar voz e impulsar la innovación.

Estamos razonablemente preparados para operar el presente, pero todavía no del todo listos para inventar el futuro.

 

Una agenda concreta para Uruguay

Todo esto plantea una agenda clara para las organizaciones uruguayas. En primer lugar, es necesario pasar del compromiso simbólico al compromiso calendarizado. Si desarrollar líderes es verdaderamente estratégico, esa prioridad debe reflejarse de manera visible en el uso del tiempo del CEO y de la alta dirección.

Al mismo tiempo, se vuelve imprescindible revisar los criterios de promoción interna. Durante años, muchas empresas han convertido excelentes especialistas en jefes improvisados, premiando el dominio técnico sin validar necesariamente la capacidad de liderar personas, construir equipos o movilizar cambios.

También será clave legitimar la experimentación inteligente. La innovación difícilmente prospere en culturas donde el error honesto se castiga automáticamente. Aprender rápido, ajustar y volver a intentar será una ventaja cada vez más relevante.

A su vez, el contexto actual obliga a apostar con mayor decisión por el potencial. En mercados laborales más estrechos y competitivos, detectar posibilidades de crecimiento puede ser más valioso que limitarse a evaluar credenciales ya consolidadas.

Finalmente, ninguna transformación será sostenible sin coherencia. La cultura organizacional no se instala por declaración, sino por observación cotidiana. Las personas miran menos los valores escritos y mucho más las conductas reales de quienes lideran.

 

Reflexión final

Quizás el mayor aprendizaje de The Chosen no esté en la figura central del líder, sino en su capacidad de formar otros líderes.

Las organizaciones que trascienden no son aquellas que dependen de individualidades excepcionales, sino las que construyen capacidades colectivas.

Y tal vez todo comience, como en aquella escena con Mateo, con una decisión simple pero poderosa: ver en otros no solo lo que son, sino lo que pueden llegar a ser.

En última instancia, el liderazgo virtuoso deja una pregunta incómoda pero necesaria para todo ejecutivo: más allá de los resultados que consigue, ¿es usted el tipo de líder que otros elegirían seguir?

Lo que The Chosen revela sobre liderazgo

Ver potencial donde otros ven limitaciones

Jesús elige a Mateo no por su reputación, sino por su posibilidad. Eso es magnanimidad: ver grandeza latente donde otros solo ven antecedentes. También es humildad: no buscar rodearse de figuras brillantes para reforzar el propio ego, sino desarrollar personas improbables.

En las organizaciones sucede algo similar. Muchas veces se valora más el historial que el potencial, más la comodidad que la diversidad de pensamiento.

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