Revista del IEEM
TOP

«La IA multiagente cambia por completo la forma en la que se hace compliance»

Maia Brenner

CEO de Flipzen

¿Cuál es el valor agregado que la IA multiagente aporta frente a sistemas tradicionales de compliance?

La IA multiagente cambia por completo la forma en la que se hace compliance. No es solo otro software, funciona más bien como un sistema operativo de compliance que coordina muchas tareas al mismo tiempo, entiende el contexto y puede tomar decisiones informadas sin depender todo el tiempo de una persona.

A diferencia de los sistemas tradicionales, que suelen basarse en reglas fijas, flujos rígidos y mucha intervención manual, los agentes pueden leer y entender documentación compleja, conectar información entre personas, empresas y transacciones, validar datos en tiempo real y hacer búsquedas profundas online en fuentes confiables cuando hace falta más contexto.

Lo más potente de este enfoque es que mejora con el uso. Cada excepción, cada caso de borde y cada revisión humana alimentan al sistema, que aprende y afina su criterio con el tiempo. Eso reduce errores, baja los falsos positivos y hace que el compliance escale mucho mejor a medida que crece el negocio.

«Cada excepción, cada caso de borde y cada revisión humana alimentan al sistema, que aprende y afina su criterio con el tiempo».

Además, no hace falta pasar meses definiendo reglas, armando diagramas o construyendo flujos en BPM o herramientas no-code. Los procesos se explican en lenguaje natural, se acompañan con ejemplos reales y los agentes se adaptan solos a la operatoria y a los cambios regulatorios.

El resultado es un compliance más ágil y vivo, que combina autonomía con control humano, se adapta rápido a nuevas regulaciones y libera a los equipos para que se enfoquen en lo que realmente importa, que es entender el riesgo y tomar mejores decisiones, en lugar de lidiar con burocracia.

 

Al adoptar IA en compliance, ¿qué cambios estructurales termina experimentando una empresa?

Cuando una empresa incorpora IA multiagente en compliance, el cambio principal es pasar de un modelo muy manual a uno basado en sistemas autónomos. El trabajo deja de centrarse en tareas repetitivas y pasa a enfocarse en criterio experto, análisis de riesgo y toma de decisiones.

Los roles evolucionan. Los analistas ya no están copiando y pegando datos, sino que actúan como supervisores del sistema, revisando excepciones, corrigiendo decisiones y ayudando a entrenar a los agentes para que mejoren con el uso.

En la práctica, esto reduce la dependencia de outsourcing, baja el re-trabajo y permite escalar sin aumentar proporcionalmente los costos. A nivel tecnológico, también se simplifica el stack, se integran mejor los datos y se gana trazabilidad, haciendo que el compliance sea más eficiente y fácil de gobernar.

 

¿Qué resistencia cultural o institucional han observado en compañías a la hora de incorporar agentes de IA?

La resistencia suele venir de tres lugares bastante comunes. Por un lado, existe desconfianza a la hora de delegar parte del trabajo en sistemas autónomos, sobre todo cuando hay decisiones sensibles de por medio. También aparece el miedo a que la IA reemplace personas, especialmente en tareas operativas que históricamente definieron el rol de muchos equipos. Por último, pesa la inercia institucional, donde los procesos manuales llevan años funcionando de la misma manera y cambiar cuesta.

«Las personas siguen tomando las decisiones importantes, pero con mejor información y menos ruido».

La clave está en dejar claro que los agentes no reemplazan el criterio humano. Lo que hacen es sacar fricción, absorber el trabajo repetitivo y elevar la calidad del análisis. Las personas siguen tomando las decisiones importantes, pero con mejor información y menos ruido.

Además, estos sistemas son totalmente trazables y auditables, lo que da mucha más visibilidad y control que los procesos manuales. Cuando las empresas entienden esto, el foco deja de estar en el riesgo de la IA y pasa a estar en el valor de liberar a los equipos para concentrarse en el análisis de riesgo realmente complejo.

 

¿Qué preparación, tanto tecnológica como de negocio, requiere una empresa para adoptar IA a este nivel?

Desde el lado tecnológico, la barrera de entrada es baja. En general, alcanza con contar con alguien que pueda integrar una API y que tenga la autoridad para definir roles, permisos y accesos a los datos. Como estos sistemas trabajan con información confidencial y sensible, lo más importante no es la infraestructura sino tener claridad y criterio sobre cómo se usan y protegen los datos.

Idealmente, la empresa debería contar con una función de seguridad de la información, como un CISO o responsable equivalente. Si no existe, nosotros solemos acompañar y guiar ese proceso. En definitiva, lo clave es que la empresa entienda qué datos se usan, para qué y bajo qué controles. Hoy eso es fundamental para cualquier organización que esté incorporando soluciones basadas en datos, sin importar su tamaño.

Desde el lado del negocio, se necesita un owner interno claro, alguien responsable del proyecto. También es importante tener definidos los criterios de riesgo y las políticas de compliance, aunque sea en un documento simple. No tiene que ser perfecto, pero sí estar claro y validado por el área de Cumplimiento o Riesgo.

Por último, se requiere disposición a ordenar y estandarizar procesos antes de automatizarlos. No hace falta infraestructura pesada ni grandes transformaciones técnicas, pero sí claridad operativa. Cuando eso está, la adopción de IA a este nivel suele ser rápida y fluida.

 

Para un CEO de una empresa tradicional en Uruguay, ¿qué le recomendarías si comienza a evaluar IA como herramienta estratégica? ¿Cuál sería un “primer paso” razonable?

El primer paso no es pensar en IA en abstracto ni en transformar toda la empresa de golpe. Es identificar un caso de uso concreto donde la IA pueda generar impacto rápido y visible en el negocio.

En empresas tradicionales, incluso dentro de algo tan acotado como compliance, hay cientos de procesos, miles de tareas y muchas personas haciendo lo mismo de formas distintas, con múltiples herramientas. Ahí es donde aparece la oportunidad. En lugar de pensar en transformar un área entera, conviene ir a lo pequeño: atomizar el trabajo y mirar microtareas específicas.

Para priorizar, una buena pregunta es: ¿qué tareas generan más fricción hoy o qué cambiaría si esto se pudiera hacer mil veces más rápido o muchísimo más barato? Cuando una microtarea tiene alto costo, alto riesgo o mucha repetición, suele ser un excelente punto de partida.

Una vez identificado el valor de negocio, el siguiente paso es evaluar la viabilidad real, que muchas veces no implica construir desde cero. En muchos casos, ya existe una herramienta o una empresa que resolvió ese problema.

Con este enfoque, pequeños aumentos de productividad en tareas puntuales terminan construyendo, paso a paso, una capa estratégica de innovación, con bajo riesgo, resultados medibles y aprendizaje real para la organización.

Postear un comentario