«El relato del reemplazo masivo de empleos simplifica demasiado un fenómeno más gradual y más interesante»

Carlos Acle
CEO de Onetree
¿Qué oportunidades puede generar la inteligencia artificial para mejorar la competitividad del país?
Creo que la IA le da a Uruguay la oportunidad de aprovechar su capacidad y su tamaño: competir por escala de talento en lugar de escala de mercado. Desde Onetree y con otras empresas del sector lo vemos todos los días con nuestros clientes en Estados Unidos: la ventaja ya no está en quién tiene más recursos, sino en quién adopta más rápido y con más criterio.
Para un país pequeño, eso nivela la cancha. La IA puede potenciar sectores donde ya tenemos trayectoria exportadora, como los servicios tecnológicos, el agro y la logística, agregando capas de valor que antes requerían equipos mucho más grandes. También abre una puerta relevante para el Estado, en eficiencia y calidad de servicios públicos. Pero la oportunidad más importante es reputacional: Uruguay tiene una imagen de seriedad institucional y estabilidad que, combinada con talento entrenado en IA, puede convertirnos en un socio confiable para empresas globales que buscan dónde y con quién desarrollar estas capacidades. Esa combinación de confianza y talento es exactamente lo que hoy diferencia a los países chicos que logran insertarse en las cadenas de valor tecnológicas.
Además, la IA le da la oportunidad a la industria tecnológica de transformar su matriz productiva más rápidamente, ya que la creación de nuestros propios productos de software o de nuevas formas de entregar productos tecnológicos para clientes de una forma más rápida se acelera con el uso de la IA. Esta transformación es muy importante para poder seguir siendo competitivos en el mundo de hoy.
¿Cuáles son los principales obstáculos que hoy frenan una adopción más acelerada?
El primero es cultural, no tecnológico: muchas organizaciones todavía tratan la IA como un proyecto piloto aislado en lugar de una forma distinta de trabajar. Eso retrasa la adopción real, más allá de los anuncios. El segundo es la brecha de talento especializado; hay entusiasmo, pero falta profundidad técnica en volumen suficiente, y eso genera dependencia de pocas personas clave dentro de cada organización.

«Muchas organizaciones todavía tratan la IA como un proyecto piloto aislado en lugar de una forma distinta de trabajar. Eso retrasa la adopción real».
El tercero, y es el que puede llevar más tiempo resolver, es la deuda tecnológica. Muchas empresas uruguayas y regionales todavía operan sobre sistemas legados que no están preparados para integrar IA de forma robusta y eso obliga a modernizar antes de innovar. Ninguno de estos obstáculos es exclusivo de Uruguay, pero superarlos rápido es lo que determinará quién capta la ventaja competitiva de esta etapa y quién llega tarde.
¿Qué impacto esperás que tenga la IA sobre el empleo y la productividad en los próximos años?
Creo que el relato del reemplazo masivo de empleos simplifica demasiado un fenómeno más gradual y más interesante. Lo que veo, dentro de Onetree y en nuestros clientes, es una redefinición de tareas antes que de puestos: la IA se lleva lo repetitivo y libera tiempo para trabajo de mayor criterio, negociación y diseño de soluciones. Eso, bien gestionado, aumenta la productividad de forma significativa sin destruir empleo neto, aunque sí exige reconversión de habilidades constante. Los roles que más van a crecer son los que combinan conocimiento de dominio con capacidad de trabajar junto a herramientas de IA, no los que compiten contra ellas.
También habrá un efecto distributivo: las empresas y los profesionales que inviertan temprano en aprender a usar estas herramientas van a capturar una ventaja desproporcionada frente a los que esperan. Por eso insisto tanto en la formación continua como responsabilidad compartida entre empresa y colaborador. La productividad va a subir, pero solo para quienes se adapten con velocidad.
¿Qué rol deberían desempeñar las empresas, la academia y el sector público para acelerar este proceso?
Cada actor tiene una responsabilidad distinta y complementaria. Las empresas debemos dar el ejemplo adoptando IA de forma real en nuestras operaciones, no solo discursiva, y abrir espacios de capacitación interna. La academia tiene el desafío más estructural: actualizar curriculas a una velocidad que no es la habitual en la educación formal, e incorporar práctica real con estas herramientas desde etapas tempranas, no solo teoría.
El sector público, por su parte, tiene que construir las condiciones marco: conectividad, marcos regulatorios claros, que no sean asfixiantes ni frenen la innovación, e incentivos concretos para que las pymes, que son la mayoría del tejido productivo, puedan adoptar IA sin que el costo o la complejidad sean una barrera.

«El sector público tiene que construir las condiciones marco: conectividad y marcos regulatorios claros, que no sean asfixiantes ni frenen la innovación».
Desde mi paso por la CUTI y mirando la historia de lo que se ha hecho en Uruguay, estas transformaciones tan profundas no ocurren por decreto ni de forma aislada; ocurren cuando estos tres actores se sientan a diseñar juntos, con objetivos compartidos y métricas concretas de avance.
¿Qué condiciones necesita Uruguay para posicionarse como referente regional en IA?
Uruguay ya tiene buena parte de la base: estabilidad institucional, seguridad jurídica y una industria de software con trayectoria exportadora de más de dos décadas, algo que vivimos de primera mano en Onetree trabajando con clientes globales desde hace más de 15 años. Lo que falta es escala en otro sentido: capital para invertir en investigación y desarrollo de producto propio, no solo en servicios.
Uruguay exporta muy bien talento y capacidad de ejecución, pero desarrolla poca propiedad intelectual propia en IA. Eso tiene que ver con el acceso limitado a financiamiento de riesgo para ese tipo de apuestas. A eso se suma una asimetría real: los modelos de frontera se desarrollan en Estados Unidos y China, y un país como el nuestro accede a ellos como usuario, con estructuras de costo pensadas para mercados mucho más grandes. Eso encarece la experimentación para una pyme uruguaya frente a una empresa estadounidense.
También necesitamos casos de éxito visibles, empresas de la región que muestren resultados concretos de adopción, porque eso genera un efecto de contagio mucho más potente que cualquier campaña de promoción. Uruguay no va a competir por volumen, pero sí puede consolidarse como un centro de excelencia y confianza en IA para clientes exigentes, si resolvemos esa brecha de capital y de acceso.