«Las organizaciones más exitosas serán las que logren integrar IA con propósito, confianza y una cultura en la que las personas sigan siendo lo más importante»

Elianne Elbaum
Gerenta General del AI for Good Lab de Microsoft
¿Por qué la conversación sobre inteligencia artificial no puede limitarse únicamente a productividad y eficiencia?
Creo que la conversación sobre inteligencia artificial no puede limitarse solo a la productividad y la eficiencia, porque la IA ya está impactando dimensiones mucho más profundas: cómo tomamos decisiones, cómo accedemos a oportunidades, cómo diseñamos servicios públicos, cómo cuidamos el ambiente y cómo fortalecemos nuestras comunidades.
En mi experiencia liderando el AI for Good Lab, los mejores proyectos no empiezan preguntando “¿cómo automatizamos más?”, sino “¿qué problema humano, social o ambiental queremos resolver mejor?”. La eficiencia es importante, pero no puede ser el fin en sí mismo. Si entendemos a la IA solo como una herramienta para hacer lo mismo más rápido, perdemos la oportunidad de usarla para ampliar capacidades, reducir brechas y generar impacto positivo. Para mí, el verdadero valor aparece cuando combinamos tecnología, propósito y responsabilidad.
¿Qué implica una adopción responsable de IA?
La adopción responsable de IA implica entender que la tecnología no se implementa en el vacío: entra en organizaciones, procesos y contextos donde hay personas, datos, decisiones y consecuencias. Para mí, adoptar IA responsablemente significa diseñar desde el inicio con criterios de seguridad, privacidad, equidad, transparencia y supervisión humana. También implica hacerse preguntas difíciles antes de escalar una solución: qué datos estamos usando, qué sesgos pueden existir, quién se beneficia, quién podría quedar afuera y cómo vamos a medir el impacto real.
Desde el AI for Good Lab trabajamos mucho en ese punto: acompañar a las organizaciones para que pasen de la idea al prototipo sin perder de vista el propósito ni los riesgos. La responsabilidad no es un freno a la innovación; es lo que permite que la innovación sea sostenible y genere confianza.
«La responsabilidad no es un freno a la innovación; es lo que permite que la innovación sea sostenible y genere confianza”.
¿Cuáles son los principales riesgos que deberían considerar los líderes al incorporar IA en sus procesos?
Los líderes deberían mirar la IA con entusiasmo, pero también con mucha responsabilidad. Algunos de los principales riesgos están vinculados al uso de datos sensibles, la reproducción de sesgos existentes, la falta de explicabilidad en ciertos modelos, la dependencia excesiva de sistemas automatizados y la implementación de soluciones sin una comprensión clara del problema.
También veo un riesgo importante en adoptar IA por moda, sin estrategia ni capacidades internas para sostenerla. En las organizaciones, la IA no debería ser solo una decisión tecnológica; debe involucrar a equipos legales, técnicos, de negocio, de comunicación y, sobre todo, a quienes entienden el contexto donde se va a aplicar.
Otro riesgo es no preparar a las personas para trabajar con estas herramientas. La adopción responsable requiere gobernanza, formación y una cultura que permita innovar sin perder criterio.
¿Qué oportunidades observás para Uruguay y la región en materia de IA responsable?
Veo una oportunidad enorme para Uruguay y para la región. Tenemos ecosistemas con talento, instituciones sólidas, capacidad técnica y una agenda de desarrollo donde la IA puede aportar muchísimo: salud, educación, ambiente, agro, energía, servicios públicos y productividad de pequeñas y medianas empresas.
«En Uruguay hay una escala que permite articular rápido entre sector público, academia, empresas y sociedad civil, y eso es una ventaja muy valiosa».
En Uruguay, en particular, hay una escala que permite articular rápido entre sector público, academia, empresas y sociedad civil, y eso es una ventaja muy valiosa. Desde el AI for Good Lab buscamos justamente conectar esos mundos: identificar desafíos relevantes y acelerar prototipos que puedan mostrar valor concreto.
Para la región, la oportunidad está en no ser solo usuaria de tecnología desarrollada en otros contextos, sino participar activamente en la definición de soluciones que respondan a nuestras realidades. La IA responsable puede ayudarnos a innovar con identidad propia y con foco en impacto.
¿Cómo imaginás la relación entre personas e IA dentro de las organizaciones en los próximos años?
Imagino una relación cada vez más colaborativa entre personas e IA. No creo que el desafío sea reemplazar a las personas, sino rediseñar cómo trabajamos para potenciar lo que mejor sabemos hacer: interpretar contextos, tomar decisiones con criterio, conectar con otros, crear, liderar y asumir responsabilidad.
La IA puede ayudarnos a analizar información, detectar patrones, prototipar más rápido y liberar tiempo para tareas de mayor valor. Pero para que eso ocurra de forma positiva, las empresas tienen que invertir en capacidades humanas: formación, pensamiento crítico, ética, liderazgo y adaptación al cambio. En los próximos años, las organizaciones más exitosas no serán necesariamente las que adopten más herramientas, sino las que logren integrar IA con propósito, confianza y una cultura en la que las personas sigan siendo lo más importante.