Revista del IEEM
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«Más que preocuparnos por la adopción de una herramienta, nos interesaba construir una forma distinta de trabajar»

Facundo Liston

Vicepresidente de Farmared-Logired

¿Qué motivó a la empresa a comenzar a explorar el uso de inteligencia artificial?

Siempre creí que las empresas no compiten únicamente por tener mejores productos o mejores servicios. En mercados cada vez más dinámicos, la capacidad de interpretar información, adaptarse y ejecutar con rapidez termina siendo una ventaja competitiva difícil de igualar.

Nuestra aproximación a la IA nació desde esa convicción. No la incorporamos porque fuera una tendencia ni porque sintiéramos presión por modernizarnos. La vimos como una oportunidad para mejorar la calidad de nuestras decisiones y acortar la distancia entre detectar una oportunidad y convertirla en una acción concreta.

La IA potencia el criterio directivo. Nos permite llegar mejor preparados a una decisión, explorar escenarios que antes no hubiéramos considerado y dedicar menos tiempo a buscar información y más tiempo a interpretarla. Hace algunos años las empresas competían por acceder a la información; hoy casi todos tenemos acceso a ella. La diferencia está en quién logra transformarla antes en conocimiento útil y convertir ese conocimiento en resultados. Ahí es donde vemos el verdadero valor de esta tecnología.

 

¿Cuáles fueron las primeras áreas donde identificaron oportunidades concretas de aplicación?

Comenzamos en aquellas áreas donde el impacto podía medirse rápidamente. La utilizamos para apoyar el desarrollo de soluciones, analizar procesos, revisar propuestas y estructurar información compleja. Esas primeras aplicaciones nos permitieron comprobar rápidamente su valor y extender luego su uso a otros ámbitos de la organización. Muy pronto descubrimos que su mayor aporte no estaba en una función específica, sino en la forma en que las distintas áreas empezaban a trabajar.

Hoy vemos a la IA como un acelerador del conocimiento. Nos ayuda a preparar una negociación, evaluar inversiones, analizar riesgos, comprender una normativa, estudiar una tecnología o contrastar distintas alternativas antes de avanzar. En definitiva, nos permite afrontar conversaciones importantes con mayor preparación.

«Las personas con mayor experiencia son justamente quienes obtienen mejores resultados”.

Ese cambio modificó también la forma en que aprovechamos el conocimiento interno. Las personas con mayor experiencia son justamente quienes obtienen mejores resultados, porque saben contextualizar las respuestas, detectar inconsistencias y formular mejores preguntas. La tecnología democratiza el acceso a la información, pero sigue siendo la experiencia la que le da sentido. Esa combinación entre conocimiento humano y capacidad de análisis es, a nuestro entender, uno de los activos más valiosos que puede desarrollar una organización.

 

¿Cómo reaccionaron los equipos frente a la incorporación de estas herramientas?

La reacción fue muy similar a la que generan todos los cambios relevantes: entusiasmo en algunos casos, cautela en otros y muchas preguntas. Más que preocuparnos por la adopción de una herramienta, nos interesaba construir una forma distinta de trabajar.

Desde el principio dejamos claro que la IA venía a ampliar las capacidades de las personas, no a sustituirlas. Ese mensaje era importante porque cambiaba completamente la conversación. Cuando un equipo entiende que una tecnología le permite concentrarse en las tareas en las que realmente aporta valor, la resistencia disminuye y aparece la curiosidad.

También aprendimos que incorporar IA es mucho más un desafío cultural que tecnológico. Requiere promover una cultura donde cuestionar, aprender y experimentar sea parte del trabajo cotidiano. La herramienta evoluciona todos los días; por eso el verdadero diferencial competitivo no está en dominar una plataforma determinada, sino en construir organizaciones capaces de aprender continuamente. Cuando esa cultura existe, la adopción deja de ser un proyecto y pasa a convertirse en una nueva forma de trabajar y resolver problemas.

 

¿Qué cambió en tu forma de liderar desde que comenzaron a trabajar con IA?

Creo que cambió mi concepción del liderazgo. El principal cambio fue entender que hoy un líder puede dedicar menos tiempo a buscar información y más a interpretarla. Durante muchos años asociamos al líder con quien tenía más respuestas. Hoy estoy convencido de que el valor está en formular las preguntas correctas, cuestionar supuestos y ayudar al equipo a interpretar un contexto complejo.

La IA responde con una velocidad extraordinaria, pero sigue necesitando dirección. Por sí sola no identifica qué es estratégico, qué refleja la cultura de una empresa o qué decisión es consistente con una visión de largo plazo. Esa sigue siendo una responsabilidad del liderazgo. Esa realidad también transformó la forma en que acompaño a los equipos: hoy dedico más tiempo a desafiar ideas, hacer preguntas y generar conversaciones que ayuden a llegar a mejores conclusiones.

«Hoy dedico más tiempo a desafiar ideas, hacer preguntas y generar conversaciones que ayuden a llegar a mejores conclusiones.».

Por eso, más que reemplazar la experiencia, la IA multiplica el impacto de quienes saben pensar críticamente. También obliga a desarrollar humildad intelectual. Hoy cualquier directivo puede acceder a conocimiento; la diferencia está en escuchar, contrastar opiniones y cambiar de idea cuando la evidencia lo justifica. Creo que esa combinación entre tecnología, criterio y aprendizaje será clave para los líderes del futuro.

Si tuvieras que darle un consejo a otro empresario que recién empieza este camino, ¿cuál sería?

Le diría que no delegue esta conversación únicamente en el área de tecnología. La IA no es un proyecto informático; es una herramienta que termina impactando la estrategia, la cultura, la forma de decidir y la manera en que una empresa genera valor.

También le recomendaría empezar cuanto antes, aunque sea con iniciativas pequeñas. No porque exista el riesgo de quedarse atrás desde el punto de vista tecnológico, sino porque desarrollar criterio para trabajar con IA lleva tiempo. Como toda capacidad organizacional, se construye con experiencia, prueba, error y aprendizaje compartido. Además, una respuesta bien argumentada no siempre es una respuesta correcta; trabajar con IA implica cuestionar, contrastar y contextualizar sus respuestas antes de utilizarlas para tomar una decisión.

Finalmente, le diría que no confunda velocidad con profundidad. La IA puede producir respuestas en segundos, pero la responsabilidad de analizar, validar y decidir sigue siendo del empresario. Probablemente esta sea la herramienta tecnológica más transformadora que veremos en mucho tiempo, pero el desafío principal no será tecnológico. La diferencia la marcarán las organizaciones que aprendan más rápido, se adapten mejor y conviertan ese aprendizaje en mejores resultados.

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