Revista del IEEM
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Anticiparse para sobrevivir en 2026

En un mercado de escala reducida y alta exposición externa como el uruguayo, el factor que distingue a las empresas sostenibles de aquellas que quedan rezagadas no es el tamaño ni el acceso al financiamiento, sino la capacidad de anticipar desafíos de forma temprana. El año 2026 plantea un escenario particularmente exigente: no por un shock único, sino por la concurrencia simultánea de múltiples tensiones que interactúan entre sí. La pregunta relevante no es si habrá dificultades, sino cómo prepararse para competir en un entorno estructuralmente más complejo.

1. Fragmentación del escenario internacional

La economía global atraviesa una transición prolongada marcada por mayor fragmentación, tensiones geopolíticas persistentes y debilitamiento de los consensos que estructuraron el comercio internacional. La globalización ha dado paso a un esquema heterogéneo en el que conviven políticas industriales activas, relocalización productiva, restricciones comerciales selectivas y uso creciente de instrumentos económicos con fines geopolíticos.

Para Uruguay, esto implica menor previsibilidad externa, cambios frecuentes en condiciones de acceso a mercados y mayor exposición a shocks fuera de control. Las empresas ya no pueden asumir un entorno internacional neutral o favorable. La gestión del riesgo externo es ahora un componente permanente de la estrategia empresarial.

El factor que distingue a las empresas sostenibles de aquellas que quedan rezagadas no es el tamaño ni el acceso al financiamiento, sino la capacidad de anticipar desafíos de forma temprana.

2. Presión doméstica sobre la rentabilidad

El escenario interno para 2026 combina elementos que configuran un desafío significativo: el crecimiento económico tenderá a desacelerarse respecto de años previos, generando menor dinamismo de demanda interna y externa.

Este menor crecimiento convive con presiones al alza sobre costos. Los aumentos salariales reales constituyen una tendencia firme, no por mejoras sustantivas de productividad, sino por mecanismos de negociación colectiva que permiten pautar aumentos con relativa independencia del ciclo. En sectores no transables, estos costos se trasladan a los precios y alimentan la inflación interna. En sectores transables, derivan en un estrechamiento crítico de márgenes, debido a un tipo de cambio que limita la competitividad.

3. Triple presión fiscal: el factor crítico

La carga tributaria para 2026 se manifiesta a través de tres vías que las empresas deben integrar en su planificación:

  • Ajustes técnicos sin reformas formales. Las modificaciones en metodologías de ajuste de tasas y bases de cálculo en tributos como FONASA, IRPF o SUCIVE elevan la presión fiscal efectiva sin alterar formalmente las alícuotas. Impactan indirectamente por la vía de la reducción del ingreso disponible de los ciudadanos.
  • Tarifas públicas como impuestos implícitos. Los incrementos en tarifas de empresas públicas funcionan como gravámenes sobre producción y consumo, afectando transversalmente la estructura de costos.
  • Nuevos gravámenes estratégicos. La implementación del Impuesto Mínimo Global (Pilar Dos de la OCDE) impacta directamente en grandes corporaciones, mientras que la ampliación de la base imponible del IRPF para incluir dividendos del exterior profundiza la presión sobre estructuras patrimoniales. A esto se agrega el IVA sobre las compras internacionales con envío exprés.

Este triple mecanismo configura un encarecimiento sistémico que no responde a una reforma puntual, sino a un cambio de régimen fiscal más permanente.

4. El límite de las estrategias defensivas

La reacción instintiva ante este contexto es el ajuste: reducir gastos, postergar inversiones, renegociar contratos. Si bien necesarias en el corto plazo, estas medidas no constituyen una estrategia de supervivencia cuando el entorno cambia estructuralmente.

Las estrategias puramente defensivas asumen que el entorno volverá a ser favorable pronto. Cuando ese supuesto no se cumple, el ajuste permanente erosiona capacidades clave: talento, innovación y posicionamiento competitivo. El desafío de 2026 exige pasar de la resistencia a la redefinición de cómo la empresa crea valor.

Las estrategias puramente defensivas asumen que el entorno volverá a ser favorable pronto. Cuando ese supuesto no se cumple, el ajuste permanente erosiona capacidades clave: talento, innovación y posicionamiento competitivo.

5. Tecnología e inteligencia artificial: repensar el negocio

El cambio tecnológico actual no es una opción, es una necesidad estratégica. La automatización, la digitalización y especialmente la inteligencia artificial están redefiniendo procesos y modelos de negocio. Pero reducir su impacto a un aumento de productividad operativa es insuficiente.

La inteligencia artificial es una plataforma para expandir el espacio de lo posible. Permite explorar alternativas, generar combinaciones inéditas y diseñar propuestas de valor que antes eran inviables por costos o falta de información. Funciona como amplificador de ideas: analiza grandes volúmenes de información para detectar patrones latentes, personalizar ofertas a escala y experimentar sistemáticamente reduciendo el costo del error.

En contextos de alta incertidumbre, la creatividad organizacional potenciada por IA deja de ser un atributo accesorio y se convierte en competencia estratégica central. Las empresas que logren diferenciarse serán aquellas capaces de identificar necesidades emergentes y desarrollar modelos de negocio más flexibles. En un entorno de márgenes estrechos, crear valor adicional en lugar de competir por precio marca la diferencia entre prosperar o quedar atrapado en una carrera descendente.

6. Cuatro pilares de acción estratégica para 2026

  • Invertir en capacidades, no solo en tecnología. La adopción de IA debe acompañarse de cambios organizativos y desarrollo de talento capaz de interpretar información y convertirla en decisiones. No basta con contratar consultores externos; la empresa necesita equipos internos multidisciplinarios que combinen análisis de datos con conocimiento profundo del negocio.
  • Priorizar flexibilidad estratégica sobre planes rígidos. En entornos volátiles, los planes detallados a cinco años pierden valor rápidamente. Diseñar estrategias modulares con capacidad de pivoteo resulta más relevante que apostar a un único escenario central. Esto implica mantener opciones abiertas, diversificar proveedores y mercados, y construir estructuras de costos más variables.
  • Redefinir la propuesta de valor. Las empresas deben preguntarse si el problema que resuelven sigue siendo el mismo que hace cinco o diez años, y si sus clientes valoran lo mismo. La tecnología permite segmentar, personalizar y agregar servicios complementarios que antes eran inviables. La clave está en identificar qué necesidades emergentes pueden cubrirse con los activos y capacidades existentes.
  • Integrar tecnología en la toma de decisiones estratégicas. La IA y el análisis de datos no pueden quedar relegados al área de soporte técnico. Deben alimentar las discusiones de negocio en el directorio, informar la asignación de recursos y validar supuestos estratégicos con evidencia. Esto requiere alfabetización digital en la alta dirección y capacidad de formular las preguntas correctas a los datos.

Conclusión: el cambio de régimen

El desafío de 2026 para las empresas uruguayas no es simplemente resistir, sino adaptarse a un cambio de régimen. La combinación de desaceleración económica, presión de costos y mayor carga fiscal configura un entorno en el que la eficiencia operativa tradicional ya no es suficiente.

La anticipación temprana, la lectura estratégica del cambio tecnológico y una gestión financiera atenta a la nueva configuración fiscal pueden transformar un escenario adverso en oportunidad de reposicionamiento. El uso inteligente de la tecnología, la creatividad y la innovación dejan de ser opcionales: se convierten en condiciones de supervivencia.

Las organizaciones que comprendan que el viejo manual de gestión quedó obsoleto y que actúen en consecuencia serán las que lideren el próximo ciclo económico. No se trata de hacer lo mismo más eficientemente, sino de hacer cosas distintas. La ventaja competitiva en 2026 pertenecerá a quienes anticipen, se adapten y creen valor de formas que hoy apenas imaginamos.

Autor

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Responsable del GEM Uruguay y profesor de Economía Política en

Ph.D. en Gobierno y Cultura de las Organizaciones, Universidad de Navarra; máster en Dirección y Administración de Empresas, IEEM, Universidad de Montevideo; contador público, Universidad de la República (Uruguay); licenciado en Administración, Universidad de la República (Uruguay); GloColl, Harvard Business School.

Profesor de Análisis de Decisiones y Sistemas de Información en

Ph.D. en Informática, Universidad de la República y en Computer Sciences, INRIA (Francia); máster en Dirección y Administración de Empresas, IEEM, Universidad de Montevideo; máster en Informática, Universidad de la República (Uruguay); ingeniero en Computación Universidad de la República (Uruguay); GloColl, Harvard Business School.

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