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LinkedIn: ¿presencia o exceso?

Desde hace un buen tiempo LinkedIn dejó de ser solo una red para buscar trabajo o actualizar el currículum. Hoy está más que consolidado como un espacio clave de visibilidad profesional, construcción de reputación y posicionamiento de ideas. Es una plataforma en la que se cruzan empresas, líderes, equipos, clientes, inversores y profesionales de todas las industrias. Se anuncian movimientos, se comparten logros, se fijan posturas y, muchas veces, se empieza una conversación que luego puede transformarse en una oportunidad concreta.

El crecimiento en su uso es evidente para todos los que se mueven en el mundo corporativo. Cada vez más personas publican, comentan y consumen contenido de manera cotidiana. La red se volvió parte del día a día profesional, cercano a un reflejo de cómo pensamos y comunicamos el trabajo en un entorno cada vez más abierto y expuesto. Y eso, en principio, es una buena noticia, sobre todo para quienes nos dedicamos a la comunicación de las empresas: más voces, más intercambio, más circulación de ideas.

Pero ese mismo crecimiento trajo aparejado otro fenómeno: el ruido. Un ruido que no tiene tanto que ver con la cantidad de publicaciones, sino con su parecido. Textos que suenan bien, que están correctamente escritos, pero a la vez siguen una estructura reconocible, que podrían haber sido firmados por cualquiera. Se encuentran historias que a priori lucen inspiradoras pero que en realidad no inspiran a nadie, porque no tienen contexto real. También se ven consejos que son para todos y para nadie y afirmaciones que no asumen riesgos.

LinkedIn dejó de ser solo una red para buscar trabajo o actualizar el currículum. Es un espacio clave de visibilidad profesional, construcción de reputación y posicionamiento de ideas.

La irrupción de la inteligencia artificial (IA) ha sido clave en este fenómeno. El hecho de poder generar contenido en segundos, con un nivel más que aceptable de corrección, tono y coherencia, es un arma de doble filo. Como toda herramienta poderosa, su cara negativa se está manifestando con intensidad últimamente. Por un lado, la comunicación mediante la escritura se ha vuelto más democrática para quienes no se sentían muy cómodos con su propia prosa. El chat bajó la barrera de entrada para quienes antes no se animaban a publicar. Por otro lado, cada vez más se asume el riesgo de uniformar el discurso y diluir la voz propia.

El problema, claramente, no es la IA, sino la manera en que se está utilizando. El cortocircuito se genera cuando se usa para reemplazar el pensamiento en lugar de acompañarlo. Cuando el texto es impecable, pero no dice nada que realmente valga la pena. Son esas redacciones que, entre líneas, muestran cierta obligación por cumplir con el algoritmo o por marcar presencia, sin una idea clara o diferenciada detrás.

En una red que se supone profesional, la falta de autenticidad se nota rápido. Y lo peor es que cansa y genera descreimiento. Agota leer publicaciones que no aportan experiencia propia, criterio o mirada personal. Aburre ver un feed lleno de fórmulas que funcionan (¿funcionan?), pero no conectan de verdad.

Entonces, ¿cómo zafar de eso?

Algunas ideas simples para escribir y leer LinkedIn con más criterio:

  • Asistente de lujo. La IA no puede ser autora de nuestros posteos, tiene que ser un asistente, un editor de lujo, como tenían los diarios de otra época. ¿De qué manera usarla? Para ordenar, resumir o pulir, sí. Para pensar por nosotros, no. Cada vez que vamos a escribir un post tener claro qué es lo que se tiene para decir, por qué es diferente la mirada, cuál es el enfoque personal y por qué aporta valor a la comunidad.

 

  • Priorizar la experiencia concreta. Contar lo que pasó de verdad: un proyecto, una decisión difícil, un error, un aprendizaje real. Exponerse, mostrar lo real. Compartir desde la humanidad de quien escribe. Eso es lo que genera curiosidad y valor a quienes leen.

 

  • Aceptar la imperfección. Entender que LinkedIn no es una vidriera de textos impecables. Un post puede tener una estructura menos pulida, una idea que no esté cerrada del todo o un tono más conversacional, y justamente por eso generar mucho más interés que un texto perfecto pero genérico. Lo que conecta no es la prolijidad extrema, sino la sensación de que hay alguien real del otro lado, pensando en voz alta, compartiendo una experiencia o una inquietud genuina.

 

  • Escribir menos, decir más. Está bien forzarse a escribir, porque si estas actividades no aparecen en la agenda, posiblemente no sucedan, pero hay que llegar a un equilibrio y no publicar solo por estar, sino cuando se tiene algo para aportar. Es decir: aprovechar las oportunidades, pero no llenar por llenar.

 

  • Tener una voz propia. De acuerdo con la disciplina de cada uno y sus características personales, formación, estilo, personalidad, cada profesional tendrá su propia, y única, manera de presentarse que, por lo auténtica, generará más interés.

El hecho de poder generar contenido en segundos, con un nivel más que aceptable de corrección, tono y coherencia, es un arma de doble filo.

En un contexto en el que cada vez más contenido es generado, editado o amplificado por máquinas, lo que de verdad es un diferencial es lo humano: el criterio, la mirada, la experiencia acumulada. Las historias únicas. No se trata de rechazar la tecnología, sino de no delegar en ella lo más valioso que tenemos.

LinkedIn probablemente siga siendo una plataforma central para quienes trabajan, lideran, emprenden o asesoran. Justamente por eso vale la pena cuidarla. Y cuidarnos también como usuarios, eligiendo qué leer, qué compartir y qué decir.

Autor

Gerenta de Marketing y Comunicación en

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