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¿Qué explica las diferencias en el comportamiento emprendedor por nivel socioeconómico? Parte I

El nivel y la descomposición por grupo de ingresos del nivel de actividad emprendedora

En los artículos previos de esta serie hemos analizado la evolución de la actividad emprendedora en los últimos 12 años, período durante el cual se ha relevado sistemáticamente la actividad emprendedora por parte del Centro de Emprendimientos Deloitte del IEEM, siguiendo la metodología del Global Entrepreneurship Monitor. A ese respecto, existen dos indicadores básicos de desempeño que podemos emplear: uno “avaro” y otro “generoso”. El indicador “avaro” se ve en la tasa de nuevos emprendedores, cuya evolución se presenta en el Gráfico 1. Este indicador representa el porcentaje de la población adulta que ha iniciado un emprendimiento y por el cual ha pagado retribuciones por más de tres meses, pero por menos de 42. Considerando el nivel de actividad a nivel global, se dio un salto ascendente de 2011 a 2014 y luego volvió a un nivel de actividad igual o inferior al que existía en los años iniciales del período. Por otra parte, hemos dividido a la población en tercios en función de su nivel de ingresos, a los que denominaremos grupos de ingresos altos, medios y bajos. Tal como puede observarse, no existe una tendencia sostenida a nivel de ningún grupo socieconómico. La tasa de emprendimiento de cada grupo socieconómico es, aproximadamente, la mitad de la tasa del grupo superior.

Gráfico 1 – Tasa de nuevos emprendedores
Total y por grupo socioeconómico

Fuente: Elaborado a partir de datos del Centro de Emprendimientos Deloitte del IEEM.

El indicador generoso es la Tasa de Actividad Emprendedora (TEA, por su sigla en inglés), la cual considera a los nuevos emprendedores y a los emprendedores nacientes, que van desde aquellos que ya han involucrado algún tiempo o recurso en iniciar un emprendimiento hasta los que ya han constituido el negocio, pero no han pagado más de tres meses de sueldos. Su evolución se presenta en el Gráfico 2. Aquí también se da un salto ascendente en 2011 y, aunque luego se da un descenso, nunca baja del 14 %. Cuando analizamos el comportamiento por grupo de ingresos solo se observa una tendencia al crecimiento (revertida parcialmente en 2017) para el grupo de altos ingresos. El grupo de ingresos medios oscila alrededor del 4 %, y los de ingresos bajos en están cercanos al 2 %. O sea, también se da aquí que cada grupo tiene un nivel de actividad emprendedora que es la mitad del grupo superior.

Gráfico 2 – Tasa de Actividad Emprendedora (TEA)
Total y por grupo socioeconómico

Fuente: Elaborado a partir de datos del Centro de Emprendimientos Deloitte del IEEM.

¿Qué explica esta evolución del nivel de actividad emprendedora a lo largo del tiempo y en cada grupo socioeconómico? Pueden formularse diversas hipótesis. Plantearemos dos que se vinculan a atributos que son intrínsecos al sujeto: el miedo al fracaso y la autopercepción de las capacidades emprendedoras.

El miedo al fracaso se ve influido por la predisposición a asumir riesgos derivada de la personalidad de cada persona, pero también de la percepción de los costos y beneficios asociados, los cuales dependen críticamente de las circunstancias.

Es importante destacar que estos atributos no son totalmente ajenos a los cambios en el contexto. El miedo al fracaso se ve influido por la predisposición a asumir riesgos derivada de la personalidad de cada persona, pero también de la percepción de los costos y beneficios asociados, los cuales dependen críticamente de las circunstancias. De igual manera, la autopercepción de capacidades no es algo absoluto, sino que depende de la complejidad del entorno en el que esas capacidades deben aplicarse. Frente a un entorno que se vuelve más complejo y desafiante es previsible que la autopercepción se deteriore, porque las capacidades que eran adecuadas en la etapa previa se vuelven insuficientes en la actual.

 

Hipótesis 1: el miedo al fracaso

La primera de las hipótesis explicativas es: cuanto menor sea el miedo mayor será el nivel de actividad emprendedora. Para medir esta variable emplearemos la respuesta a una pregunta que se formula a toda la muestra de los encuestados. La pregunta es si el miedo al fracaso los disuadiría de emprender, presentándose los resultados en el Gráfico 3.

Tal como muestra el gráfico, el miedo al fracaso en toda la población ha estado oscilando en torno al 34 % en todo el período. Cuando analizamos el miedo al fracaso por grupo de ingresos encontramos que aquellos con ingresos bajos han tenido en la gran mayoría de los años la mayor tasa, despegada de la tasa de los grupos de ingresos medios y altos.

Cuando vimos las tasas de nuevos emprendimientos y la TEA, observamos que de 2011 a 2014 hubo un ascenso del nivel de actividad emprendedora. Esto es consistente con una disminución del riesgo al fracaso, el cual comenzó a descender en 2012, llegó a un mínimo en 2013 en el total y en el grupo de ingresos altos, para luego comenzar una carrera ascendente que todavía no se ha detenido. Los datos son también parcialmente consistentes con nuestra hipótesis adicional respecto de la relación inversa entre nivel de ingresos y miedo al fracaso.

Gráfico 3 – Miedo al fracaso
Respuestas afirmativas a la pregunta ¿El miedo al fracaso lo disuadiría de emprender?

Fuente: Elaborado a partir de datos del Centro de Emprendimientos Deloitte del IEEM.

En la evolución del miedo a fracasar en los últimos años queda evidente el factor contextual. Los cambios tan pronunciados en el índice en un período de tiempo relativamente corto se explican por cambios en la predisposición a asumir riesgos de las personas y por un deterioro de la relación percibida entre los riesgos a asumir, los beneficios posibles y los costos eventuales. Dentro de esos costos eventuales es probable que incida el deterioro en el empleo. Abandonar el trabajo para emprender conlleva ahora un riesgo mucho mayor.

 

Hipótesis 2: autopercepción de capacidades para emprender

La segunda hipótesis es: cuando las personas consideran tener los conocimientos, habilidades y destrezas que se requieren para emprender, la tasa de actividad emprendedora aumenta.

Autopercepcion de capacidades
Gráfico 4 – Autopercepción de capacidades
Respuestas afirmativas a la pregunta ¿Considera que tiene los conocimientos, habilidades y destrezas que se requieren para emprender?

Fuente: Elaborado a partir de datos del Centro de Emprendimientos Deloitte del IEEM.

Lo que observamos en el Gráfico 4 es que hasta 2010 la cantidad de personas que consideraban poseer las capacidades requeridas subió para todos los grupos socioeconómicos, para luego caer abruptamente en 2011. De 2012 en adelante, la tasa ha estado oscilando en el total alrededor del 60 %. Considerando las tasas de partida en 2006, no se han producido progresos a este respecto en los 12 años considerados.

La hipótesis del impacto de la autopercepción de capacidades en el nivel de actividad emprendedora no es consistente con los datos. La autopercepción de capacidades cayó abruptamente en 2011, momento en el que la actividad emprendedora da un salto ascendente en cualquiera de los dos indicadores analizados. Luego, ha vuelto a niveles que no implican una mejora sustantiva respecto del período previo a 2011, por lo que tampoco podrían explicar el aumento de la TEA a partir de allí. De lo que sí hay evidencia es de que existe una clara correlación entre nivel de ingresos y autopercepción de capacidades. Como en el caso anterior, las diferencias más marcadas se dan entre el grupo de bajos ingresos y el resto, pero en este caso este grupo presenta los niveles más bajos. También hay diferencias entre los grupos de ingresos medios y altos que llegaron en el pasado a ser nulas y que ahora parecen estar volviendo a marcarse.

 

Conclusiones

Parece que existe una relación entre el miedo a fracasar y el aumento en el nivel de actividad emprendedora. Si bien se trata de una predisposición personal, es evidentemente afectada por factores contextuales.

La disminución del empleo en los últimos años podría estar incidiendo en una percepción de un riesgo mayor de optar por emprender, riesgo asociado a las dificultades de una eventual necesidad de reingreso al mercado laboral en el caso de que el emprendimiento fracase.

En ese sentido, la disminución del empleo en los últimos años podría estar incidiendo en una percepción de un riesgo mayor de optar por emprender, riesgo asociado a las dificultades de una eventual necesidad de reingreso al mercado laboral en el caso de que el emprendimiento fracase. El aumento del miedo a fracasar podría estar actuando como un potente inhibidor del crecimiento de la actividad emprendedora. Por otro lado, no parece haber una relación clara entre la autopercepción de las capacidades requeridas y el nivel de actividad emprendedora.

En ambos casos, se constató la relación de los factores con el nivel de ingresos. En el caso del miedo al fracaso, el grupo de ingresos bajos presenta niveles marcadamente superiores a los del resto. En el caso de la autopercepción de capacidades, la separación se da entre los tres grupos. Se confirma que, a mayor nivel de ingresos, mejor autopercepción de capacidades.

Como ya hemos comentado, el miedo a fracasar y la confianza en las capacidades propias para emprender no pueden aislarse del contexto, razón por la cual es necesario complementar el análisis con otras variables que permitan entender cómo perciben las personas, el contexto y los cambios que se producen; cuestiones que serán objeto de examen en el próximo artículo.

Centro de Emprendimientos Deloitte del IEEM

Autores

Profesor de Economía Política en

Ph.D. en Gobierno y Cultura de las Organizaciones, Universidad de Navarra; máster en Dirección y Administración de Empresas, IEEM, Universidad de Montevideo; contador público, Universidad de la República (Uruguay); licenciado en Administración, Universidad de la República (Uruguay); GloColl, Harvard Business School.

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