Revista del IEEM
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Liderazgo: ¿desde el ego y el control o desde la confianza?

Se suele explorar el liderazgo en las organizaciones sobre la base de conceptos relacionados, incluso semánticamente, con la noción característica de un líder: gestión del tiempo, autoridad, claridad, confianza, discernimiento, decisión. Pero existe también una abundante literatura desde el punto de vista ético, al que en el IEEM se le da particular interés, como lo confirma el programa de liderazgo virtuoso recientemente ofrecido para Antiguos Alumnos, y en el que, entre otras virtudes, se profundizó en magnanimidad, humildad, justicia, fortaleza, templanza, prudencia y la educación del corazón. 

En esta columna quisiera detenerme en algunas virtudes cristianas o, mejor dicho, virtudes humanas —y, por lo tanto, cristianas— que son pocas veces comentadas al reflexionar sobre el liderazgo. Concretamente, sobre el perdón, la dignidad de los demás y la formación humanista.   

El perdón está relacionado con la misericordia, es decir la forma expresiva de la naturaleza de Dios, que es amor. Esto puede llevar a que muchos lo entiendan como una idea moral, pero es también una competencia del liderazgo. Alain Kreider y otros investigadores del cristianismo antiguo destacaron que en la expansión exitosa —a pesar de las extensas persecuciones— durante la Iglesia primitiva tuvo un papel fundamental la virtud de la paciencia, que a su vez es parte de la virtud cardinal de la fortaleza. La aplicación de la paciencia en ese momento histórico de crecimiento llevaba a que los primeros cristianos ejercitaran el perdón con quienes los habían perseguido violentamente.  

En esta columna quisiera detenerme en algunas virtudes cristianas o, mejor dicho, virtudes humanas —y, por lo tanto, cristianas— que son pocas veces comentadas al reflexionar sobre el liderazgo. Concretamente, sobre el perdón, la dignidad de los demás y la formación humanista.   

Recientemente, se comenzó a estudiar cómo el perdón hace expandir el ejercicio del liderazgo hacia una forma de desarrollo pleno (cfr. Santiago J. Portas, 70 veces 7: Liderar desde el perdón, la verdad y la reconciliación, 2025). Es un planteo que va a contracorriente de la cultura dominante, especialmente porque la configuración moral de la sociedad sigue muy influida por F. Nietzsche, que acusó al cristianismo de contribuir a lo que él llamaba “la moral de esclavos”; y buscó deslegitimar la moral cristiana desde una deformación de la naturaleza del perdón.  

La clave para entender el rol del perdón en el liderazgo se encuentra en Jesús de Nazaret, que dijo “no vine a ser servido, sino a servir”, “hay que perdonar 70 veces siete”, insistía en dar frutos de buenas obras en servicio de los demás, etc. Toda una alternativa viable, pero opuesta a las maneras de liderar en las sociedades actuales, volcadas al interés, que en el fondo no es más que una manera evolucionada del poder. Esta alternativa lleva a una forma de dirigir que pone la dignidad de cada empleado en el centro. Apoyar la dignidad de los demás es arduo y se nota en muchas organizaciones donde las buenas personas pueden resultar incómodas. No por su modo de ser: al contrario, suelen ser coherentes y amables; pero no negocian con el sistema, no callan ante la injusticia, no miran para otro lado. Y esto es precisamente mantener la dignidad de los demás, con el ejemplo y a veces con acciones positivas.  

El perdón y sostener la dignidad de los demás se manifiesta en la confianza, que es uno de los grandes temas de nuestro tiempo y merecería una abundante reflexión aparte. La confianza en la dirección de personas lleva a arriesgar prudentemente, dar segundas oportunidades, escuchar. Lo que también va en contra de una visión del liderazgo contemporáneo, presionado por resultados inmediatos, métricas constantes y exposición permanente, que tiene cada vez menos tolerancia al riesgo humano.   

Otra manifestación es el modo de gestionar los conflictos personales. Cuando una organización gestiona mal un conflicto es porque lo reprime o lo intensifica. En cambio, el perdón parte de una verdad y una actitud. Se corrige sin herir. La verdad es detectar y aceptar el error, también por parte del líder que, si lo reconoce con humildad, ganará en autoridad moral. Y requiere una actitud de sinceridad y deseo de recomenzar por una parte y, por otra, amplitud de miras y buscar la unidad. Lo difícil no es decir la verdad, sino decirla sin herir. La armonía sin verdad sería hipocresía. Y la dura eficacia sin cuidado lleva al desgaste y a la tensión. En resumen: “El perdón libera al líder del pasado. La corrección cuida el presente. La confianza abre el futuro. El discernimiento orienta las decisiones. La reconciliación integra todo esto en un estilo de liderazgo que no depende de las circunstancias favorables, sino de una opción profunda” (Portas, pág. 70).  

La clave para entender el rol del perdón en el liderazgo se encuentra en Jesús de Nazaret, que dijo “no vine a ser servido, sino a servir”. Toda una alternativa viable, pero opuesta a las maneras de liderar en las sociedades actuales, volcadas al interés. 

En este sentido, se nota que la formación que reciben los empresarios suele ser insuficiente porque falta la formación humanista. Se olvida o descuida la formación de la persona y su proyecto vital, el desarrollo de la personalidad, sus valores, virtudes, sentido de la vida y del trabajo. Tener un proyecto personal que responda a preguntas como: ¿Qué quiero hacer con mi vida? ¿Cómo soy o en qué debo mejorar como persona? ¿Dedico tiempo a clarificar ideas, desarrollar un criterio sólido con lecturas que aporten y me ayuden a pensar por cuenta propia? La formación empresarial no debería ser solo para el éxito profesional, sino para la excelencia humana. Esto incluye el cultivo de virtudes como las que se mencionaron en párrafos anteriores, que lleven a todos a trabajar en equipo con entusiasmo. 

Por último, las habilidades de comunicación son importantes: no solo por lo que representan para la imagen de la empresa, sino por algo más de fondo: la persona que no sabe expresarse bien suele no saber pensar bien. El formarse en la palabra ayuda a transmitir su visión con claridad y honestidad.  

En resumen, la formación personal y el liderazgo virtuoso busca personas “sabias y buenas”, no solo con habilidades técnicas. Que ejerzan la autoridad, pero no desde el ego o el control. Todo esto puede sonar a idealismo o filantropía añadida, pero no es más que una forma de dirigir que pone la dignidad de cada empleado en el centro. 

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