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Revista del IEEM
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El peso de la variable socioeconómica en la actividad emprendedora en Uruguay – Segunda parte: Género

SEGUNDA PARTE: GÉNERO

En este artículo analizaremos la variable socioeconómica junto con el género, que es una variable que ha adquirido mucha relevancia en los últimos tiempos.

Como puede observarse en el Cuadro 1, existe una marcada diferencia en el nivel de actividad emprendedora entre hombres y mujeres en Uruguay. Si analizamos el desempeño de la TEA (tasa de actividad emprendedora) por género podemos observar que tanto en el caso de los hombres (TEAH) como en el de las mujeres (TEAM) el 2011 fue un momento de inflexión, llegándose a los niveles máximos de actividad emprendedora. Sin embargo, hay factores marcadamente diferenciales entre ambos grupos. La actividad emprendedora masculina siempre ha sido marcadamente superior a la femenina. La diferencia máxima se dio en 2004, cuando la actividad emprendedora masculina estuvo un 134 % por encima de la femenina, mientras que la mínima fue en 2014, cuando la actividad emprendedora masculina estuvo apenas un 35 % por encima de la femenina. El promedio del período 2006-2017 de ese ratio ha sido 72 %, y en 2017 fue 50 %. Por otra parte, en materia de evolución, podemos observar que mientras que en el caso de las mujeres la tendencia es creciente, más allá de ciertos picos de alza, en el caso de los hombres —antes y después del salto de 2011— ha sido estable con leve tendencia a la baja.

Cuadro 1 – Emprendimientos por género.

Fuente: Centro de Emprendimiento Deloitte del GEM.

Procedamos ahora a desagregar la tasa de actividad emprendedora no solo por género sino también por situación socioeconómica, lo que se detalla en el Cuadro 2. Cada nivel socioeconómico está identificado con un color, las líneas punteadas representan la actividad emprendedora masculina y la continua la femenina.

El resultado más impactante es que la enorme diferencia entre el emprendimiento masculino y femenino no se reproduce en todos los niveles socioeconómicos.

El resultado más impactante es que la enorme diferencia entre el emprendimiento masculino y femenino no se reproduce en todos los niveles socioeconómicos. En efecto, en el caso del Grupo C la tasa de emprendimiento masculina ha estado apenas un 5 % por encima de la femenina en el período 2006/17, y un 6 % si tomamos el período luego del salto de 2011. Hay cuatro años incluso en que la tasa de emprendimiento femenino ha estado por encima de la masculina (2006, 2011, 2014 y 2015). En el caso del Grupo B se dan diferencias. Ahí la tasa de emprendimiento masculino ha estado en el período 2006/17 promedialmente un 61 % por encima de la femenina y un 54 % en el período 2012/2017. La diferencia más marcada es en el Grupo A, que para el período 2006/17 la tasa masculina es superior en un 117 %, en el período 2012/2017 un 105 %. Esto es, las diferencias entre el emprendimiento masculino y femenino están correlacionadas positivamente con el nivel socioeconómico de las personas, a mayor ingreso, mayor diferencia por género. Las diferencias que observamos en las cifras agregadas se explican por el peso que el Grupo A tiene en la actividad emprendedora total, tal como vimos en el artículo anterior. La actividad emprendedora del Grupo A ha sido en promedio en el período 2012/2017 un 53 % del total, la del Grupo B un 30 % y la del Grupo C apenas un 18 %.

Las diferencias entre el emprendimiento masculino y femenino están correlacionadas positivamente con el nivel socioeconómico de las personas, a mayor ingreso, mayor diferencia por género.

Cuadro 2 – Emprendimientos por género y situación socioeconómica.

Fuente: Centro de Emprendimiento Deloitte del GEM.

Como ya hemos explicado en artículos previos, la TEA es la suma de dos componentes, los Nuevos Emprendedores (NE) y los Emprendedores Nacientes (EN), que se corresponden a dos fases contiguas del proceso de evolución del emprendimiento, siendo la tasa de nuevos emprendimientos (NE) la que mide los emprendimientos en marcha, por lo que es el índice más idóneo para una “prueba ácida” del nivel de actividad emprendedora, en tanto es el componente de la tasa emprendedora limitado a emprendimientos ya organizados y en marcha. A esos efectos en el Cuadro 3 se presenta la evolución de las tasas de NE por año, género y grupo socioeconómico.

La tasa de NE para el período 2006/2017 ha sido en promedio de 4,8 %. Dado que estamos hablando de porcentajes muy reducidos el error muestral es alto, razón por la cual el análisis de los promedios de períodos prolongados es muy útil para atenuarlo. Sin perjuicio de ello, podemos observar que la tasa de Nuevos Emprendedores hombres del Grupo A (NEAH) es el componente más importante, con una tasa promedio de 1,76 en el período 2006/17 y de 1,75 en el período 2012/17, manteniéndose estable entre el 2 % y el 1,5 %. La NEAM, en cambio, tuvo una tendencia creciente hasta 2011, donde llegó a igualar la tasa de NEAH, y a partir de ese año ha estado cayendo año tras año. En el Grupo B nos encontramos que la tasa de emprendimiento masculino (NEBH) ha seguido un comportamiento más o menos parecido al de las mujeres del Grupo A. Ascendió hasta 2011, donde fue la tasa más alta de todos los subgrupos, para luego seguir una tendencia de caída. En el “piso” tenemos las restantes tasas, la tasa de NE femenina del Grupo B (NEBM), con un promedio de 0,44 en 2012/2017, y las tasas del grupo C, siendo el promedio de NEBH de 0,40 para el mismo período y de 0,32 para NEBM. Aquí aparece otro resultado interesante, la diferencia más marcada entre el emprendimiento masculino y el femenino pasa a estar en el Grupo B. En efecto, las tasas de NE masculino, en el período 2012/2017 son superiores a las femeninas en 75 %, 98 % y 25 % para los Grupos A, B y C, respectivamente.

Podemos observar en la gráfica que en los años recientes la NEBH se desplomó hasta llegar a un mínimo en 2016, y en 2017 se recuperó algo, pero fue superada por la tasa de NEBM.

Sin perjuicio de los promedios, podemos observar en la gráfica que en los años recientes la NEBH se desplomó hasta llegar a un mínimo en 2016, y en 2017 se recuperó algo, pero fue superada por la tasa de NEBM. El Grupo A se mantiene como el grupo de mayor peso en la tasa total de NE, siendo el 57 % de la tasa promedio para el período 2012/17, seguida por el Grupo B con 28 % y el Grupo C con 15 %. En síntesis, cuando hacemos la “prueba ácida”, el Grupo A explica más de la mitad de la actividad emprendedora en sentido estricto, lo que se da en el marco de un proceso de masculinización de la actividad emprendedora dentro de ese grupo que se inició en 2012 y que se mantiene hasta el presente y que se explica por una NEAM en caída y una NEAH ligeramente ascendente. Por otro lado, si consideramos el peso de los emprendedores hombres en el total, tenemos que los hombres emprendedores representan en promedio el 63 % de la NE en el período 2012/17, con un peso máximo en 2006 de 74 %, un mínimo de 60 % en 2013 y un peso en 2017 de 66 %.

Cuadro 3 – Nuevos emprendimientos por género y situación socioeconómica.

Fuente: Centro de Emprendimiento Deloitte del GEM

Conclusiones

Estos resultados son muy importantes desde el punto de vista de la política pública en materia de emprendimiento, en tanto no solo indican que los sectores de menores ingresos no han logrado un mayor protagonismo en lo que a actividad emprendedora refiere, sino que se está dando una masculinización de la actividad emprendedora dentro del sector socioeconómico que ha tenido un papel protagónico en la actividad emprendedora nacional, en el contexto de que los hombres representaron los dos tercios de la actividad emprendedora en sentido estricto en 2017.

Centro de Emprendimientos Deloitte del IEEM

Autores

Profesor de Economía Política en

Ph.D. en Gobierno y Cultura de las Organizaciones, Universidad de Navarra; máster en Dirección y Administración de Empresas, IEEM, Universidad de Montevideo; contador público, Universidad de la República (Uruguay); licenciado en Administración, Universidad de la República (Uruguay); GloColl, Harvard Business School.

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